domingo, 16 de noviembre de 2014

47 Ronin: Los Leales Samuráis De Akō

Alejandro Jodorowsky: La singular hazaña de los 47 ronin es una de las leyendas nacionales más conocidas y significativas del Japón. 47 guerreros que desaparecen. 47 samurais que desaparecen, sumergidos en la humilde vida ciudadana (ronins), para reaparecer tiempo después y derrocar al tirano.
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La historia de los leales samuráis de Akō:

La leyenda de los 47 rōnin es una historia considerada como leyenda nacional en Japón. Sucedió realmente entre los años 1701 y 1703 aproximadamente, se le conoce también como el “Incidente de Akō” (Akō rōshi) o “Accidente de Genroku Akō” (Genroku akō jikeno). Es la historia más famosa del código de honor samurái: el Bushidō.
Rōnin significa “hombre ola”, un hombre errante como una ola en el mar. Se utilizaba para llamar a los samurais sin amo en el el período feudal de Japón, entre 1185 y 1868. Un samurái podía no tener amo debido a la ruina o la caída de éste, o a que había perdido su favor.

El hijo/a de un rōnin también era rōnin. A menudo el rōnin por nacimiento soñaba con demostrar su valía para poder jurar lealtad a un clan, convirtiéndose así en un verdadero samurái. Aunque esto ocurriera de vez en cuando, era infrecuente, reservado a los más talentosos, pues pocos daimyō (señores feudales) estaban dispuestos a sentar un precedente permitiendo que un rōnin entrara en su clan. Uno de los más famosos rōnin fue Miyamoto Musashi.
Cuenta la historia que un grupo de 47 samuráis se vieron obligados a convertirse en rōnin. Asano Naganori fue escogido por el shōgun Tokugawa Tsunayoshi para ser uno de los daimyō cuyo deber era el de entretener a los enviados de la Familia Imperial. Para ayudarlo en su nuevo deber, el maestro de protocolo de mayor rango en el gobierno, Kira Yoshinaka, fue asignado a instruirle en asuntos de etiqueta.

Kira esperaba que Asano le compensase con una gran suma de dinero por las molestias de enseñarle, algo que Asano consideraba simplemente como su deber. No se llevaban bien, y Kira intentaba humillar constantemente a su discípulo. Finalmente, la situación explotó en el palacio del shōgun; Kira insultó a Asano una vez más y éste, enfurecido, desenvainó su katana y la blandió contra él. Kira sólo resultó ligeramente herido y Asano fue puesto bajo arresto.
Atacar a otro con furia iba contra la ley; hacerlo en el palacio del shōgun era impensable. Asano hizo poco esfuerzo por defenderse durante el interrogatorio, excepto decir que no guardaba rencor al shōgun y que sólo lamentaba no haber matado a Kira.

El shōgun emitió una sentencia de muerte contra Asano, ordenándole cometer Seppuku. Cuando estás noticias llegaron al castillo de Asano, sus servidores se reunieron para discutir la venganza de la muerte de su maestro por culpa de Kira, a pesar de que sabían que serían severamente castigados por ello. Los ahora rōnin hicieron un juramento secreto para vengar la muerte de su maestro. Uno de ellos, Ōishi Kuranosuke sugirió abandonar el castillo en paz y pelear por la familia Asano mientras que al mismo tiempo preparaban la venganza contra Kira, y esta opinión prevaleció.

Kira, esperando represalias, incrementó su guardia personal y fortificó su residencia. El plan de Ōishi era esperar a que su presa se confiara con el tiempo, mientras él esperaba el momento justo. Para este fin, los rōnin escondieron muchas armas y armaduras en diferentes lugares, se dispersaron y se convirtieron en comerciantes y monjes.
Ōishi comenzó a frecuentar los burdeles y tabernas, como si nada fuera más lejos de su mente que la venganza, incluso abandonó a su esposa, se divorció de ella, la envió lejos con sus dos niños más pequeños y se compró una bonita y joven concubina. A pesar de esto, Kira todavía temía una trampa, y envió espías para observar a los ex sirvientes de Asano.

Un día, Ōishi regresó tan borracho que cayó en la calle dormido, y todos los que pasaban se rieron de él. Un hombre de Satsuma, pasando por aquel camino, se enfureció por este comportamiento por parte de un ex-samurái tanto por su falta de valor para vengar a su maestro, así como su comportamiento actual. El hombre de Satsuma le insultó, le pateó en la cara y escupió sobre él.
Los espías de Kira informaron que los sirvientes de Asano eran todos unos samuráis inofensivos sin el valor de vengar a su maestro; Kira llegó a la conclusión de que estaba a salvo. El resto de los ronin, en su papel de trabajadores consiguieron acceder a la casa de Kira, familiarizarse con el diseño de la casa. Uno de ellos incluso llegó a casarse con la hija del constructor de la casa, para obtener los planos. Todo esto se informó a Ōishi. Otros se reunieron en secreto, consiguieron armas y las transportaron a Edo.

Kira en un año bajó su guardia. Fue en este punto en el que los 47 rōnin se reunieron el 14 de diciembre de 1702 y esa misma noche comenzaron su venganza y atacaron la mansión. Muchos de los hombres de Kira fueron heridos o asesinados puesto que fueron tomados por sorpresa. Kira fue encontrado fuera de la casa y presentado ante Ōishi, quien le dio oportunidad de cometer seppuku. Como no respondió, Ōishi lo decapitó con la misma daga con la que Asano cometió seppuku. La cabeza fue puesta en un balde y fue llevada al Sengakuji, donde estaba enterrado Asano. Después de presentar el sangriento trofeo al espíritu de su amo, se entregaron. 700 soldados fueron por ellos a Sengakuji.

El 4 de febrero de 1703, después de 47 días llegó su sentencia: Se les concedía el gran honor de morir por seppuku y no morir como criminales ya que no se habían comportado como criminales comunes, la gente estaba a su favor, eran héroes para el pueblo. La decisión de ordenar su seppuku sin tomar acciones contra Kira no fue popular. Sin embargo, el gobierno decidió que mantener el orden era lo más importante.

En Sengaku-ji se encuentran las tumbas de los 46 rōnin condenados al seppuku y dos más en memoria de Terasaka Kichiemon que se quitó la vida justo después de la muerte de Kira y Kayano Sanpei que cometió seppuku antes del ataque debido a la fuerte oposición de su familia por querer participar en la venganza. Se dice que el samurái de Satsuma que escupió a Ōishi fue al templo y también cometió seppuku para enmendar sus errores.

La venganza de los 47 rōnin continuó esparciendo controversia durante el periodo Edo. Unos opinaban que esperaron demasiado para ello, pues Kira corría riesgo de morir (tenía 60 años de edad) y sus esfuerzos serían vanos. Otros los criticaron por tomar acción, puesto que la sentencia del shōgun debía dar por sentado el asunto.

Otros no compartían tales visiones, los defendieron e incluso se llegó a escribir una favorable obra de teatro kabuki que se convirtió en un clásico. Al final, los 47 rōnin se convirtieron en leyenda. Hoy en día se pueden visitar las tumbas de Asano y de los 47 rōnin en el templo Sengaku, en Tokio, donde los japoneses siguen venerando su memoria, poniéndoles incienso y celebrando un festival en el aniversario de su muerte a finales de año. A la entrada del templo se encuentra una estatua de Ōishi y los nombres de los guerreros.

La venganza de los “Ako Gishi” ha sido representada en varias películas y series de televisión japonesas, y es ahora comúnmente conocida como “Chu-shin-gura” (La Historia de los Leales samuráis). Esta es una historia popular, que todavía toca el corazón de los japoneses después de 300 años.

No hay que tener ninguna duda de que estos nombres existieron en la vida real y su historia muestra la lealtad, sacrificio, persistencia y el honor que las buenas personas deben preservar en su vida diaria.

Fuente: Bart Japan World


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