miércoles, 3 de septiembre de 2014

Las Pasiones Capitales - La Vanidad

“Un callejón sin salida se sentía satisfecho porque tenía muchas entradas”.
— Alejandro Jodorowsky

“Construyó un templo con puertas abiertas en un país donde no habitaba nadie”.
— Alejandro Jodorowsky

La más sutil de las vanidades es conseguir que ésta no se vea. Llamar la atención sin que se note demasiado. Por ello, el tipo Tres del eneagrama puede no ser la persona que vulgarmente llamaríamos vanidosa. Al igual que la ira del Uno y el orgullo del Dos, la vanidad del Tres está normalmente velada o, al menos, nos suele ser del tipo jactancioso y burdo. El velo más común es una apariencia de naturalidad, optimismo y eficacia: como el camaleón, las personas pertenecientes a este rasgo pueden adaptarse a cualquier entorno y triunfar en él.

De hecho, la vanidad no se encuentra entre los pecados capitales de la Iglesia católica, no tiene entidad propia, pues queda asimilada al orgullo. El máximo logro de los vanidosos tal vez haya sido imponer su pasión -que es la de aparentar para conseguir- como valor dominante en la actual cultura mercantilista de Occidente. El Tres se fija metas, planifica, cumple los plazos fijados, ejecuta fielmente las estrategias que se ha marcado para conseguir sus fines y logra sobresalir en su medio social y profesional. Hasta tal punto es “invisible” la vanidad -el fingimiento de lo que realmente se es- como patología, que no está recogida en el “Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales”. No es una coincidencia que el DSM sea un producto estadounidense y que la cultura de Estados Unidos valore tanto al conseguidor, al ejecutivo eficaz, al triunfador. Y sobre todo que sea la sociedad de la imagen por excelencia, el paraíso de la publicidad, en donde cuenta más el envoltorio que el contenido, el personaje más que el político, el eslogan antes que el programa y, en definitiva, el gesto mediático más que la verdadera intención.

Curiosamente, en los grupos en los que se trabaja el Eneagrama, la gran mayoría de los que se incluyen en este rasgo son mujeres. Quizá, porque en una sociedad predominantemente machista, muchas mujeres hayan tenido que depender más que los hombres para ser y existir de la mirada del otro: del padre, de la madre, de los profesores, del novio, del marido, de los colegas de profesión, de la sociedad en general.

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Alejandro Jodorowsky: La vanidad conduce a muchos dirigentes a ser odiados por su pueblo. Pueda está fábula serles útil:

Un pájaro hambriento miraba las aguas infectadas de la costa: ya ningún pez llegaba a las cercanías de la playa. Todos habían huido hacia el océano profundo. Comenzó a morir de inanición. De pronto el ruido de unas lanchas lo sacó de su modorra. ¡Estaban llegando los pescadores con un cargamento fresco! Fueron bajando su abundante cosecha. El pajarraco se acercó lo más que pudo. Una trucha reunió sus últimas energías y saltó fuera del canasto para ir a caer exactamente en el pico del ave. Emprendió el vuelo, lejos del mar, hacia el campo, para escapar de los furiosos trabajadores. Al ver ese alimento, una bandada de cuervos comenzó a seguir al pájaro. Éste, que no descollaba por su inteligencia, se preguntó qué significaba esa comitiva. “¡No puede ser que me sigan a mí: no soy tan importante!” Cambió de ruta, pero tras él más cuervos se unieron a los primeros. “¡Qué grande soy! ¡Cómo no se me ocurrió antes venir a pasearme por el campo! ¡Estos cuervos saben reconocer mis valores!” Los negros plumíferos agitaron sus alas, impacientes por devorar el pescado. “¡Ahora me están aplaudiendo! ¡Soy el jefe que ellos esperaban! ¡Por fin encontré mi reino!” Acudieron más cuervos, oscureciendo el cielo alrededor del pajarraco. “¡Qué gran honor! ¡Me veneran! ¡Y yo, estúpido, indigno, con este cadáver en el pico! ¡Van a creer que soy un muerto de hambre!” Arrojó el pescado. Los cuervos se olvidaron de él y comenzaron a disputarse la trucha. Por más que gritó: “¡No os equivoquéis, súbditos míos, aquí está vuestro adorado monarca!” Nadie le hizo caso. Tristemente volvió a su roca de la playa, esperando no morir antes de que volvieran otra vez los pescadores.

El destino otorga a veces el poder. Los agraciados deben tener la humildad necesaria para darse cuenta que el llamado “amor del pueblo” puede ser simplemente hambre, y que sólo será amado si se olvida de sí mismo, cesando su vanidad para convertirse en servidor de los intereses colectivos. Dijo el sabio Lao Tsé: “El hombre grande carece de contornos, estando oculto permanece sin nombre y siendo así, en él todas las cosas convergen y se realizan”.

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-Maestro, esto es lo que pienso: ¡Vanidad de vanidades, todo es vanidad!
-Nada es vanidad, excepto tus palabras. Hay dicha, plenitud, si aceptas lo que viene. Deja de temer a la muerte y amarás a la vida.
-¡No hay nada nuevo bajo el sol!
-Pero el sol se renueva cada día y los viejos objetos de la tierra a cada hora están iluminados por una luz diferente.

Alejandro Jodorowsky


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Imagen: Tomada de Twitter
Montaje de Imagen: Manny Jaef 
@alejodorowsky en Twitter

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