sábado, 17 de octubre de 2015

Paradojas Y Doble Vínculo En Psicoterapia (Segunda Parte)

 

Comunicación paradójica

El tipo de paradojas que he expuesto hasta ahora son paradojas que podemos corroborar por medio de la observación de nuestro entorno y nuestras relaciones. Ahora bien, dentro del área de la comunicación humana, las paradojas pragmáticas –instrucciones y predicciones paradójicas— son las que representan mayor interés debido a las consecuencias que éstas tienen en la conducta.

Las instrucciones paradójicas son mucho más frecuentes de lo que podemos suponer y se dan en las relaciones en las que existe un fuerte vínculo complementario que posee un gran valor para la supervivencia física y/o psicológica de una, varias o de todas las personas involucradas: interacción paterno-filial; la situación de enfermedad; la dependencia material; el cautiverio; la amistad, el amor; la lealtad hacia un credo, una causa o una ideología; o la situación psicoterapéutica.

En la instrucción paradójica se transmite un mensaje que está estructurado de tal modo que se afirma algo, por ejemplo, “Te quiero, hijo mío” en lenguaje digital, pero a la vez se afirma algo acerca de la propia afirmación, por ejemplo, puede transmitirse analógicamente rechazo corporal. Estos “dobles mensajes” provocan confusión en el receptor ya que es imposible amar y no amar a alguien a la vez. A su vez, la confusión bloquea el sentimiento, el pensamiento y la acción, por lo que resulta imposible pedir una aclaración sobre la confusión o abandonar la interacción, es decir, el receptor se encuentra “atrapado” en la contradicción.

Una última característica de la instrucción paradójica es la imposibilidad que tiene la persona en el plano inferior de la relación para evadir el marco establecido por el mensaje. Las formas en que el receptor podría resolver la paradoja serían metacomunicándose, es decir, discutiendo la naturaleza absurda del mensaje, o bien, abandonando el campo de interacción. La primera solución (evadir el marco establecido por el mensaje) no es posible, dada la postura de sumisión o inferioridad que mantiene “la víctima” y debido a que la insubordinación sería impensable. La segunda solución (abandonar el campo) tampoco es posible dado el alto grado de dependencia e intensidad que existe en la relación (Watzlavick 1977).

Watzlawick (1997: 186) afirma que “cuando la paradoja contamina las relaciones humanas aparece la enfermedad”, ya que el que recibe el mensaje se encuentra en una posición insostenible en la cual para cualquier lado que se mueva va a tener una pérdida. El receptor pierde si lo hace y pierde si no lo hace, se encuentra ante una ilusión de alternativas, no tiene opciones reales entre las que debe elegir la correcta. Uno de los ejemplos más radicales de esta ilusión de alternativas es lo que ocurría durante la Inquisición, en la Edad Media. Aparentemente se le daban dos alternativas al que estaba siendo juzgado: aceptar que incurría en herejía, en cuyo caso debía morir; o bien, negar que incurría en herejía, ante lo cual se le torturaba hasta que, no pudiendo soportar más la tortura, el acusado terminaba por confesar su culpabilidad para escapar a la tortura o morir durante ésta. Como se puede observar, cualquiera de las dos alternativas implicaba una pérdida.

No hace falta ir a situaciones tan extremas para observar el efecto de la instrucción paradójica en nuestras vidas y en nuestra conducta, afectando no sólo al receptor de la instrucción, sino también al emisor, es decir, a todo el campo de interacción. Un ejemplo de esto es la situación en la que una persona le dice a su cónyuge: “Si te vas, me voy a suicidar”. Ante esto, independientemente del camino que tome, el cónyuge pierde: si se va, puede vivir con la inquietud de que ella lleve a cabo su amenaza y él termina sintiendo desasosiego o culpa; si se queda para evitar que ella se suicide, él termina sintiéndose mal, ya que él ya no quiere estar con ella.

Otras situaciones en las que se observa la instrucción paradójica (también llamada por Bateson [1956] doble vínculo) son las siguientes: (1) La madre que exige a su pequeño hijo que haga las tareas escolares, pero no sólo esto, sino que debe hacerlas con gusto, (2) El marido que exige a su mujer que se entregue a él sexualmente, pero además debe disfrutar de la entrega, (3) Los padres que castigan al niño diciéndole: ve a tu habitación y no salgas hasta que estés de buen humor; esto es como si le dijeran que tiene la obligación de estar alegre. Como se puede uno imaginar, La confusión y parálisis tienen un efecto negativo sobre la conducta y la relación de los involucrados, sobre todo cuando la situación de doble vínculo ocurre en repetidas ocasiones. Este tipo de doble vínculo es patógeno y contrasta con su contraparte, el doble vínculo terapéutico (Watzlawick 2003).

Doble vínculo terapéutico

Todos hemos estado expuestos a dobles vínculos (instrucciones paradójicas), a pesar de lo cual casi todos nos las hemos ingeniado para conservar nuestra salud mental. Sin embargo, algunas de estas experiencias pueden ser traumáticas. En ocasiones el contacto con los dobles vínculos es duradero, a tal punto que se convierte en una expectativa habitual para los afectados. Algunos autores incluso afirman que el doble vínculo es un factor determinante en la aparición y desarrollo de la esquizofrenia (Watzlavick 1997).

A pesar del efecto tan dañino que puede tener para alguien, el doble vínculo se utiliza exitosamente como técnica terapéutica cuando en lugar de dar una instrucción paradójica mediante la cual “haga lo que haga el individuo pierde”, se da una instrucción paradójica mediante la cual, “haga lo que haga el paciente gana”.

Algunos ejemplos del doble vínculo terapéutico son: si en una sesión de terapia grupal un paciente expresa su imposibilidad para decir “no”, el terapeuta puede sugerir que les diga “no” a todos y cada uno de los miembros del grupo, el paciente tiene dos alternativas: aceptar decirles “no”, ante lo cual habrá cambiado su postura con respecto a su síntoma; o bien, decidir decirle “no” al terapeuta con respecto a su sugerencia. Si un paciente teme hablar acerca de algo que él considera un secreto, el terapeuta puede sugerirle que entonces no hable acerca del secreto, pero que quizás podría explicar por qué no quiere hablar acerca de él o qué es lo que lo hace un secreto sin mencionar el “secreto”; ante esta disyuntiva, se pone al paciente en una situación tal que irremediablemente terminará hablando acerca de su secreto sin en realidad hablar acerca de él, algo que finalmente le traerá un beneficio.

El doble vínculo terapéutico, al igual que el doble vínculo patógeno, presupone una relación intensa, la situación psicoterapéutica, que encierra un alto valor de supervivencia y expectativa para el paciente. En este contexto se imparte una instrucción que está estructurada de tal modo que: (a) refuerza la conducta que el paciente espera modificar; (b) implica que ese refuerzo constituya el vehículo del cambio; y (c) crea así una paradoja, porque se le dice al paciente que cambie permaneciendo igual. Se lo coloca en una situación insostenible con respecto a su patología. Si obedece, ya no es cierto que “no puede evitarlo”; lo hace y esto hace imposible negarse, cosa que es el propósito de la terapia. Para resistirse a la instrucción no debe comportarse en forma sintomática, cosa que es el propósito de la terapia (Watzlavick 1997).

Si en un doble vínculo patógeno el paciente “pierde si lo hace y pierde si no lo hace”, en un doble vínculo terapéutico “cambia si lo hace y cambia si no lo hace”. La situación terapéutica impide que el paciente se retraiga o disuelva de otra manera la paradoja haciendo comentarios sobre ella. El paciente puede decidir no reaccionar ante la instrucción, pero no puede hacerlo en su forma sintomática habitual. Un doble vínculo terapéutico obliga siempre al paciente a salir fuera del marco establecido por su dilema.

La elección de la instrucción paradójica adecuada es sumamente difícil y si queda el menor resquicio, el paciente por lo común no tendrá dificultad en descubrirlo y podrá eludir así la situación supuestamente insostenible planeada por el terapeuta.

Continuará...

Fuente: Espacio Gestalt (Espacio personal de Víctor Jiménez: Psicoterapeuta Gestalt)   

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